¿Se culpa a los seres humanos por la culpa de Adán?
Parte 1 de 5
Introducción
Dios castiga a las personas por sus propios pecados, y en esta vida sufrimos por los pecados de otros. En esta vida heredamos las maldiciones de Adán y Eva, la más grave de las cuales es una naturaleza depravada y pecaminosa. Nuestra naturaleza pecaminosa produce actos de pecado, los cuales garantizan nuestra condenación eterna en la vida venidera, aparte de la gracia de Dios.
Sin embargo, ¿ha decidido Dios castigar adicionalmente a las personas en el lago de fuego a causa del pecado de Adán? ¿Y también por los pecados de nuestros demás antepasados?
Estas dos preguntas son el enfoque exclusivo de este capítulo. Los cristianos genuinos que difieren en asuntos no esenciales para la salvación deberían ser capaces de escucharse y, posiblemente, de aprender unos de otros. Este escrito presenta cinco posturas cristianas y sus conclusiones.
¿Hay algo indebido en esto?
Usted ve cómo se llevan a un niño muy pequeño a cadena perpetua por asesinato, robo y traición. Pregunta a algunos espectadores: “¿hubo alguna prueba de que el niñito hiciera esas cosas?”. Ellos responden: “No importa. De todos modos es digno de condenación, porque su abuelo hizo esas cosas, y todos los descendientes del abuelo están siendo castigados por lo que el abuelo hizo”. ¿Es este un ejemplo de la justicia de Dios?
En Chosen by God pp. 97-98, R.C. Sproul ofrece este ejemplo. Supongamos que Dios le ordena a un hombre podar los arbustos, pero que no caiga en el gran hoyo que está a la orilla del jardín, porque no podrá salir por sí mismo. Después de que Dios se va, el hombre corre y salta dentro del hoyo. El hombre queda incapacitado para cumplir con su responsabilidad, pero Dios [justamente] lo sigue considerando responsable de lo que en ese momento es incapaz de hacer. Hasta aquí todo bien: todos los cristianos están de acuerdo. Ahora modifiquemos la historia y sustituyamos al hombre por una mujer embarazada. Si la mujer da a luz mientras está en el hoyo, ¿debería el Señor culpar también al niño por haber nacido de una mujer desobediente?
En teología, ser culpable de algo significa que se nos considera responsables delante de Dios y dignos de condenación por ello. Los cristianos traducianistas creen que Dios condena adicionalmente a las personas a causa de los pecados de sus antepasados, hasta llegar a Adán. La doctrina de la cabeza federal enseña que Dios decide condenar adicionalmente a las personas porque escogió a Adán como nuestro “representante legal ante el tribunal de la justicia divina”. La mayoría de los demás cristianos consideran que hay algo muy antibíblico e incorrecto en estos dos ejemplos.
El resto de este escrito presenta ejemplos reales, en esta tierra, de descendientes que reciben las consecuencias de los actos de sus antepasados, y seis posturas acerca del castigo eterno de una persona por los actos de otros.
Bendiciones y maldiciones terrenales en la Biblia
Con frecuencia se maldice a los descendientes en la Biblia
Gn 3:14-19 Maldición de la serpiente, de Eva y de Adán
Gn 9:25 La maldición de Canaán en tiempos de Noé
1 S 2:32 Nunca habrá anciano en la casa de Elí
2 R 5:27 Lepra sobre los descendientes de Giezi
Jer 22:28-30 Ningún rey provendrá de Jeconías
Jer 32:18-19 “castigas la maldad de los padres en el seno de sus hijos después de ellos”... “para dar a cada uno según sus caminos, y según el fruto de sus obras”.
Dt 23:2-3,8 Ningún amonita, moabita ni hijo de unión prohibida entrará en la congregación de Dios hasta la décima generación. Ningún edomita ni egipcio entrará en la congregación de Dios hasta la tercera generación
Mt 27:25 Los judíos dijeron: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”.
Con frecuencia los descendientes cargan con las consecuencias de los actos de sus antepasados
Nm 14:20-25 los jóvenes también anduvieron errantes 40 años
Éx 20:5 Lm 5:7. Castigados por los pecados de los padres
También hay bendiciones para los descendientes en la Biblia
Jer 31:36 la de Israel; Jer 33:17 la de David, etc.
Ro 2 y 3 Dios es justo con el judío y con el gentil, pero había un beneficio en ser judío y en haberle sido confiada la palabra de Dios.
Dios hizo un pacto no solo con Abraham, sino también con sus descendientes, en Gn 17:9,13-14,19.
Resumen: Las personas sí tienen bendiciones y maldiciones a causa de sus antepasados y de otras personas en esta vida. Además, desde la caída nacemos en un estado inicial de separación de Dios. Sin embargo, ninguno de estos pasajes muestra que Dios culpe a una persona por los actos pecaminosos de otra.
Muertes causadas por el pecado de un pariente en la Biblia
Muchas veces en la Biblia alguien fue muerto involuntariamente a causa de otro. Estos son los casos y sus explicaciones.
Ez 20:4, Jer 16:10-12: Se confrontó a las personas con las prácticas abominables de sus padres. Sin embargo, ellas habían decidido continuar en esas prácticas.
36 israelitas murieron en batalla a causa del engaño de un compatriota [sin parentesco con ellos]: Acán, en Josué 7:1-10.
Ez 13:19 “...mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira, para matar las personas que no deben morir, y para dar vida a las personas que no deben vivir”.
Josué 7:1,11,25-26: Toda la familia de Acán fue muerta. Su familia no le dijo a nadie del engaño, y no se indican las edades de los hijos. La ira de Dios se encendió contra Israel por el pecado de Acán.
Dt 7:16 Los cananeos fueron muertos a causa del sacrificio de infantes, la prostitución religiosa y la maldad que ellos mismos practicaron. Sus hijos y sus bebés también fueron muertos. Los cananeos no fueron muertos en tiempos de Abraham, en Gn 15:16, porque la maldad de los amorreos (en Canaán) aún no había llegado a su colmo.
Opiniones y refutaciones
Herejía pelagiana: No recibimos de la caída ni corrupción ni culpa. La única influencia de la caída, si acaso alguna, es la de un mal ejemplo. No hay necesidad de una obra especial de la gracia de Dios dentro de cada individuo. Véase Ro 2:13-14. La Biblia enseña que toda clase de hombres ha pecado. Es posible vivir sin pecado.
Refutación: La interpretación pelagiana de Ro 2 contradice Ro 3:9-18,23; 5:12,18,19. No obtenemos una naturaleza piadosa ni la justicia de Cristo por mera imitación, y tampoco heredamos la maldad y la naturaleza de Adán por mera imitación.
Cabeza federal: el alma es creada de manera especial para cada individuo. Sin embargo, Adán es nuestro representante y actúa en nuestro nombre. Por eso todos los que comparten la humanidad merecen tormento eterno por lo que Adán hizo, además de por nuestros propios pecados. Véanse Ro 5:12-19; 7; 1 Co 15:21-22; Sal 51:5, y la Confesión de Westminster.
Refutación: Cristo también compartió nuestra humanidad (He 2:11,14,17). ¿Era Adán su cabeza federal en cuanto hombre, o no? ¿Era Él culpable y digno de tormento eterno, aun siendo sin pecado? ¡Ciertamente no!
Traducianismo: esta no es una sola doctrina, sino tres.
1. Nuestras almas son creadas por transmisión material o espiritual a partir de nuestros padres. Así heredamos una naturaleza corrupta y pecaminosa (Ro 7)
2. Cabeza natural: Así como Leví, en cierto sentido, pagó diezmos a Melquisedec mientras estaba en los lomos de Abraham (He 7:9-10), nosotros fuimos culpables del primer pecado por estar en los lomos de Adán (Ro 5:12,18,19).
3. Por el mismo mecanismo, tenemos culpa por los pecados de nuestros antepasados.
Nota: Alguien puede creer únicamente el punto 1, o los puntos 1 y 2 sin el 3. Este tratado critica los puntos 2 y 3, pero no dice nada en contra del 1.
Traducianistas famosos fueron Tertuliano, Agustín de Hipona, Shedd, J. Edwards, Martín Lutero y líderes ortodoxos orientales.
Refutación: He 7:9-10 se refiere a los diezmos y al sacerdocio hereditario, y no contradice la enseñanza de que solo hay culpa por los propios pecados, en Ezequiel 18. Por supuesto, desde Adán distintas personas han cometido pecados adicionales. Desde el punto de vista traducianista, exterminar judíos a causa de los pecados de los antepasados tenía sentido en Alemania.
Gracia preveniente: Somos culpables, además de malditos, por medio de Adán, pero la expiación de Cristo en la cruz borró esa culpa para todos. Véase Ro 5:18,19. Orton Wiley enseñó esto. En teoría se parece a las dos posturas anteriores; en la práctica, a la siguiente.
Refutación: La venida de Cristo significó mayor culpa, no menor, para quienes lo conocieron y lo rechazaron. Véanse Jn 15:22-24 y Jn 12:48. Según esta postura, el poder de Cristo se aplicó, contra su voluntad, a quienes rechazaron la cruz.
Postura de Millard Erickson: Al considerar Ro 5:18, la condenación por medio de Adán y la justificación por medio de Cristo reciben el mismo alcance: todos los hombres. Ro 5:13 dice que el pecado, aunque presente, no se inculpa donde no hay ley. Todos somos culpables a causa de Adán, pero la culpa no se aplica sino hasta el momento en que somos responsables de escoger ese camino. Todos los hombres son justificados en Cristo, pero esa justificación no se aplica a menos que la persona escoja a Cristo, y hasta que lo haga.
Refutación: Puesto que los elegidos escogen el pecado antes de escoger a Cristo, en la práctica esto suena como la doctrina de la cabeza federal, aunque preserva la responsabilidad conforme al sentido general de Ezequiel 18.
Postura histórica: Somos malditos por causa de la caída y heredamos una naturaleza corrupta y pecaminosa (Ro 7 y Ro 5:12,18,19). Sin embargo, Dios declara con claridad en Ez 18:3-4, 18:5-32 y Jer 31:29-30 que cada uno muere por su propio pecado, no por el de sus padres. La mayoría de los no calvinistas y algunos calvinistas pueden sostener esta postura.
Refutación: Por lo menos todos debemos coincidir en que Ro 5:12,18,19 significa que la caída garantiza que seamos culpables delante de Dios.
¿Qué diferencia hace esto?
Si no se nos inculpa por los actos culpables de Adán, pero todos heredamos una naturaleza pecaminosa que hace seguro que pequemos, ¿cuál es la diferencia? No hay diferencia en el número de personas que estarán en el infierno. La diferencia está en que yo creo que, cuando las personas son enviadas al lago de fuego, la culpa proviene 100% de sus propios pecados, y no pueden atribuir ninguna parte de su destino al pecado de Adán ni al de nadie más.
Resumen
Volviendo al ejemplo del niño nacido en el hoyo: el niño no pudo evitar nacer en el hoyo, de modo que, por nacimiento, no era más culpable de haber nacido en el pecado de lo que Jesús era culpable de descender de Adán y Eva. Sin embargo, tampoco se podía contar al niño entre quienes resistieron con éxito la tentación de saltar al hoyo. Llega una edad en la que el niño puede decir: “Lamento estar en este hoyo; no puedo salir por mí mismo, pero quisiera que el señor tuviera a bien sacarme de aquí”. O bien el niño podría estar contento donde está y desear permanecer allí.
La mayoría diría que, cuando el niño toma su decisión, o bien es tan culpable como quienes saltaron al hoyo, o bien es tan inocente como quienes escogieron no saltar. No es culpable por su descendencia étnica ni por la decisión de su madre, sino únicamente por sus propias decisiones.
En esta tierra sufrimos la maldición de la caída. Todos nacemos en un estado inicial como objetos de la ira de Dios (Ef 2:3). Sin embargo, Dios habló en Ezequiel 18, y Dios condena a las personas al tormento eterno no por las decisiones de otros, sino por las suyas propias.
¿Se culpa a los seres humanos por la culpa de Adán?
Parte 2 de 5
El sufrimiento no prueba la culpa
Dos gatitos nacen de la misma camada y son regalados. Uno va a dar a una familia normal y vive una vida normal de gato. El otro va a dar con un alcohólico, quien, al llegar borracho a casa una noche, mata al gatito. ¿Prueba esto que el gatito era culpable de los pecados del alcohólico o de los pecados de cualquier otra persona? ¿Fue el gatito castigado deliberadamente por ser culpable de los pecados de su dueño?
Por supuesto que no. Solo hay dificultad si no alcanzamos a ver que no todo sufrimiento es castigo de Dios. Si el sufrimiento y la muerte no prueban que la culpa de Adán se les impute a los gatos, tampoco el sufrimiento y la muerte prueban que la culpa de Adán se les impute a las personas.
Jesús también dio dos ejemplos para mostrar que el sufrimiento adicional de algunos en este mundo no se debe a una mayor culpa, en Lucas 13:1-5. Distinguir entre sufrir consecuencias y ser castigado es un punto que muchos calvinistas pasan por alto. No tiene caso discutir que todas las personas, los bebés e incluso los gatitos sufren malas consecuencias que se originan en la caída de Adán. Nosotros, y también los bebés, heredamos de Adán una naturaleza pecaminosa. Sin embargo, no hay ningún versículo en la Biblia que diga que Dios sería justo al condenar a los bebés al tormento eterno en el infierno a causa de los pecados de Adán.
Calvinistas como Spurgeon consideran calumnioso que se acuse a los calvinistas de decir que Dios envía bebés al infierno. Si bien Agustín sí enseñó que todos los bebés no bautizados van al infierno, los calvinistas en efecto no enseñan que eso realmente ocurra. Sin embargo, casi todos ellos sí enseñan que Dios sería justo si, hipotéticamente, enviara a todos los bebés a sufrir en el infierno por los pecados de Adán.
Las dos definiciones del pecado original
La Encyclopedia of Religious Knowledge (J.D. Douglas. Baker 1991, p. 618) afirma: “En sus términos más simples, la doctrina del pecado original significa que, como resultado de la caída, todo hombre nace corrupto, y por lo general se sostiene que también es culpable. De su estado pervertido proceden sus actos malvados...”.
Así pues, el concepto “pecado original” tiene dos sentidos
1) Naturaleza heredada: todos nacen con una naturaleza corrupta y pecaminosa
2) Culpa imputada: también nacemos culpables por los actos de Adán
Si somos culpables por los pecados (actos) de Adán, ¿lo somos de todos sus pecados o solo del primero? Si solo del primero, ¿en qué momento dejó Adán de ser nuestra cabeza federal o natural?
El hereje Pelagio, muchas personas de la Iglesia de Cristo y muchos cristianos liberales no creen en el pecado original en ningún sentido. Muchos cristianos creen la primera definición, pero no la segunda. Muchos otros cristianos, entre ellos Juan Calvino, creyeron ambas definiciones a causa de su doctrina de la “cabeza federal” en Adán. Muchos otros cristianos, entre ellos Martín Lutero, los cristianos ortodoxos y Agustín, creen ambas definiciones a causa de su creencia en el “traducianismo”, según el cual la culpa por los actos se transmite por herencia.
Las personas son malditas a causa de la caída de Adán, y las personas sí sufren en esta vida por los pecados de sus padres, y muchas veces incluso por los pecados de completos desconocidos. Vivimos en un mundo injusto. Sin embargo, como observó el agnóstico Martin Gardner, si uno cree en una justicia última, tiene que creer en una vida después de esta. Hay un día, el día del juicio, en que Dios pondrá todo en orden y se hará justicia para todos.
Así pues, la cuestión clave no es el sufrimiento ni las maldiciones que las personas heredan en la tierra, sino si Dios declara a una persona culpable y digna de castigo por los actos pecaminosos de Adán o de otras personas. Que alguien no sostenga la segunda definición del pecado original no significa que rechace la primera.
¿Debe preocuparnos el pecado original?
Aunque estamos perdonados en Cristo, ¿debemos seguir pidiendo a Dios perdón por nuestros pecados? (Recuerde el Padrenuestro.) No hay en la Biblia ninguna oración que pida o agradezca a Dios el perdón de la culpa de los pecados de Adán. En la iglesia, donde puede haber incrédulos presentes, ¿alguna vez ha dado gracias públicamente a Dios por perdonarnos también la culpa de Adán? Aun si usted es calvinista, espero que no. La incoherencia no es algo malo, si uno está siendo incoherente con un error.
Los católicos y los ortodoxos tienen una solución para el dilema del pecado original (bajo cualquiera de las definiciones). Lo “resuelven” creyendo que un propósito clave de bautizar a los infantes es revertir los efectos del pecado original.
Sin embargo, sí sufrimos profundamente las consecuencias del pecado. Toda la humanidad nace en un estado inicial de separación de Dios; Ef 1:13 muestra que todos éramos objetos de la ira de Dios. Por lo tanto, “objetos de la ira de Dios” no es un término que describa a los réprobos, sino más bien a todos los que no son salvos.
Aparte de Cristo, todos deberían preocuparse enormemente por la imposibilidad de quitar la culpa que tienen delante de Dios. Quienes creen en el pecado original deberían distinguir entre la culpa por la que “no tienen que preocuparse” y la culpa por la que “sí tienen que preocuparse”.
Lo que dicen los calvinistas acerca de la culpa imputada
Boettner, p. 238, dice: “Sería injusto que Dios ejecutara la pena (de dolor y sufrimiento) sobre quienes no son culpables. Puesto que la pena recae sobre los infantes, ellos deben ser culpables; y como no han cometido pecado personalmente, deben ser culpables del pecado de Adán”.
La primera oración es cuestionable, ya que Satanás es el príncipe de este mundo. La justicia no se realiza únicamente en este mundo; todas las cosas serán puestas en justicia solo en el día del juicio.
“No solo es la responsabilidad de cada descendiente de Adán suficiente para constituirlo, personalmente, una criatura responsable (es decir, alguien constituido de tal modo que debe hacer lo recto y no debe hacer lo malo), sino que originalmente cada uno de nosotros fue dotado también judicialmente de una responsabilidad plena e íntegra, no en nosotros mismos, sino en Adán. Siempre debe tenerse presente que Adán no solo fue el padre del género humano seminalmente, sino que fue también la cabeza de la raza legalmente. Cuando Adán fue puesto en el Edén, estaba allí como nuestro representante, de modo que lo que él hizo se carga a la cuenta de cada uno de aquellos por quienes actuó”. (A. W. Pink, The Sovereignty of God, p. 247)
“‘La culpa del pecado público de Adán’, dice el Dr. A.A. Hodge, ‘es cargada, por un acto judicial de Dios, de manera inmediata a la cuenta de todos y cada uno de sus descendientes desde el momento en que este comienza a existir, y con anterioridad a cualquier acto propio. De ahí que todos los hombres vengan a la existencia privados de todas aquellas influencias del Espíritu Santo de las cuales depende su vida moral y espiritual’”. (citado en Boettner, p. 78)
No puede ser una necesidad de la justicia de Dios que todos sean privados de las influencias del Espíritu Santo, porque Juan el Bautista tuvo el Espíritu Santo desde antes de nacer, en Lucas 1:15,44.
Cuando los calvinistas hablan de que todos son susceptibles de castigo por el pecado de Adán, por lo general no distinguen entre el sufrimiento y las maldiciones de esta vida y el castigo eterno. Demostrar que sí sufrimos en esta vida las consecuencias de los actos de Adán y de otros no significa que parte del castigo que las personas sufren en el lago de fuego sea en realidad responsabilidad de Adán.
La “demostración” del pecado original
Curt Daniel, pp. 240-241, presenta “pruebas bíblicas” del pecado original.
Unidad del género humano: Ef 2:1-3 y Hch 17:26
Tenemos una naturaleza heredada: Gn 5:3
Incluso los bebés tienen pecado: Gn 8:21, Sal 58:3; Is 48:8, Pr 22:15
Los bebés mueren (Jonathan Edwards y la observación natural)
Todos terminan muriendo a causa de Adán: Ro 3:23; 5:12; 6:23; 1 Co 15:22
Todas las personas pecan: Ro 3:10-23
Ahora bien, todos los cristianos, tanto no calvinistas como calvinistas, deberían estar de acuerdo con todos estos puntos. El problema es que estos puntos no prueban que hayamos heredado la culpa de Adán de un modo contrario al sentido llano de Ezequiel 18. Como ya se mencionó, el hecho de que los gatitos mueran y de que todos los gatos, con una naturaleza “de gato”, terminen muriendo, no prueba que los gatos sean culpables del pecado de Adán.
Algunos calvinistas entienden con claridad la distinción que intentamos ilustrar entre la naturaleza pecaminosa heredada y la culpa por los pecados ajenos, y la rechazan. Curt Daniel se anticipó a esta línea de razonamiento cuando escribió [p. 240]: “Más aún, la teología reformada enseña que el pecado original no es meramente pecado heredado, sino culpa imputada. Rechazamos como contradictoria en sí misma la idea de que el hombre herede el pecado pero no su culpa, porque donde hay pecado necesariamente tiene que haber culpa. Y puesto que el pecado acarrea muerte (Ro 6:23), el pecado original merece muerte. Los hombres nacen espiritualmente muertos (Ef 2:1-3), y a causa del pecado original todos los hombres morirán físicamente”.
La naturaleza pecaminosa se hereda, y las tendencias pecaminosas (el alcoholismo, etc.) con frecuencia también se heredan. Sin embargo, si no heredamos la culpa de los pecados de nadie salvo los de Adán, entonces la doctrina de la cabeza federal en realidad no significa que “heredemos”, sino que se nos “imputa arbitrariamente”. Ahora bien, cuando algunos cristianos enseñan que sí heredamos la culpa de los pecados de nuestros antepasados, como dicen los traducianistas, esos cristianos acaban de proporcionar una justificación para matar judíos, alemanes, bosnios, croatas o descendientes de asesinos de cualquiera.
Consecuencias graves del traducianismo
En la historia, la postura traducianista ha tenido las consecuencias más gravemente dañinas. Agustín fue el primero en escribir justificando la tortura por parte de la iglesia. Lutero escribió que los judíos [no convertidos] debían ser quemados, junto con sus sinagogas y escuelas. Cuando los nazis, a quienes Jesús no les importaba en absoluto, intentaron justificar la matanza de judíos por ser “asesinos de Cristo”, muchos alemanes se opusieron a ellos, pero ¿quién se opuso al supuesto traducianista? Cuando los serbios, que en su mayoría pertenecen a la Iglesia Ortodoxa Serbia, practicaron la limpieza étnica contra los musulmanes bosnios y los croatas, ¿cuál fue su justificación? Que los turcos habían asolado la tierra 400 años antes, y que los croatas habían perseguido a otros en colaboración con los nazis.
Resulta incómodo leer a Stephen Jay Gould (9/1996, Natural History) y a otros no cristianos vehementes atacar duramente a los cristianos de la historia y afirmar que fueron únicamente la cultura y otros factores naturales los que motivaron su vida. Cuando los ateos acusan de impíos a cristianos verdaderamente genuinos, algo anda mal. Lo peor de esa dura crítica es que parte de ella es cierta.
Creo que no basta con que un cristiano rechace personalmente el traducianismo. Los cristianos deberían tomar postura en contra del traducianismo y esforzarse por corregir a otros cristianos genuinos que, lamentablemente, sostienen este error.
Aquello en lo que todos podemos coincidir
Todos los cristianos deberían poder estar de acuerdo con la siguiente cita del calvinista Charles Hodge (Systematic Theology, pp. 194-195): “Imputar pecado, en el lenguaje bíblico y teológico, es imputar la culpa del pecado. Y por culpa no se entiende criminalidad, ni demérito moral, ni mucho menos contaminación moral, sino la obligación judicial de satisfacer la justicia;... Cuando se dice que nuestros pecados fueron imputados a Cristo, o que Él llevó nuestros pecados, no se quiere decir que Él haya cometido realmente nuestros pecados, ni que fuera moralmente criminal por causa de ellos, ni que el demérito de ellos recayera sobre Él. Todo lo que se quiere decir es que Él asumió, en el lenguaje de los teólogos antiguos, ‘nuestro lugar ante la ley’... Del mismo modo, cuando se dice que la justicia de Cristo es imputada a los creyentes, no significa que ellos hayan producido esa justicia; ...ni que el mérito de su justicia sea el mérito personal de ellos; ni que constituya su carácter moral; simplemente significa... que se acredita a su cuenta”.
Ahora bien, Cristo sí ocupa nuestro lugar, pero no creo que Hodge piense siquiera que nosotros ocupamos el lugar de Adán.
¿Se culpa a los seres humanos por la culpa de Adán?
Parte 3 de 5
Tres pasajes para tres posturas
Aquí se define el “cristianismo histórico” como lo que enseñaron los primeros cristianos durante 300 años. El cristianismo histórico coincidiría en que en esta vida sufrimos las consecuencias de los pecados de Adán. También heredamos una naturaleza pecaminosa, la cual conduce a nuestros propios pecados. Todos, sin la limpieza y el perdón de Cristo por medio de su cuerpo y su sangre, estaríamos destinados al lago de fuego. Quienes sostienen esta postura creen que los demás toman demasiado a la ligera Ezequiel 18, así como Jer 31:29-30.
La postura de la cabeza federal sostiene que todos son culpables del pecado de Adán porque Dios designó a Adán como “representante” del género humano. La fundamentan principalmente en Ro 5:15-21.
El traducianismo consta de dos partes. La primera es que todas las almas humanas posteriores a Adán y Eva son creadas a partir de las almas de sus padres. La segunda es que las almas heredan la culpa de sus padres inmediatos y de todos sus antepasados hasta llegar a Adán. Esto se basa principalmente en una extensión de Hebreos 7:9,10 así como en Sal 51:5, Jer 15:4 y Éx 20:5.
Este tratado presenta las distintas interpretaciones de estos pasajes.
A.W. Pink sobre Ezequiel 18
Cabeza federal: Esta interpretación de la cabeza federal resulta algo difícil de creer. A fin de entenderla sin tergiversarla, le pedimos paciencia para leer la extensa cita.
El calvinista A.W. Pink escribe: “Primero, citamos Ez 18:31: ‘¿Por qué moriréis, casa de Israel?’. Sobre este pasaje no podemos hacer nada mejor que citar los comentarios de Augustus Toplady: ‘este es un pasaje que los arminianos aducen con mucha frecuencia, pero muy vanamente, como si fuera un martillo capaz de pulverizar de un solo golpe todo el edificio. Pero sucede que la ‘muerte’ aquí aludida no es ni la muerte espiritual ni la eterna, como resulta abundantemente evidente por el tenor completo del capítulo. La muerte que el profeta tiene en mente es una muerte política; una muerte de la prosperidad, la tranquilidad y la seguridad nacionales... ¿Por qué moriréis? ¿Morir como casa de Israel, considerada como cuerpo político? Así argumentó el profeta el caso, añadiendo al mismo tiempo: ‘porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis’. Esto implica: primero, que el cautiverio nacional de los judíos no añadía nada a la felicidad de Dios. Segundo, que si los judíos se apartaban de la idolatría y desechaban sus imágenes, no morirían en un país extranjero y hostil, sino que vivirían en paz en su propia tierra y disfrutarían de sus libertades como pueblo independiente’. A lo anterior podemos añadir: la muerte política tiene que ser lo que está a la vista en Ez 18:31,32, por la sencilla pero suficiente razón de que ¡ya estaban espiritualmente muertos!”. (A.W. Pink, The Sovereignty of God, pp. 102-103)
Una lectura normativa de Ezequiel 18
No mire únicamente Ez 18:31-32, sino todo el capítulo 18 de Ezequiel. Todos coinciden en que Dios juzga justamente a cada uno conforme a sus propios pecados y no conforme a los pecados de sus padres. Algunos calvinistas dicen que los espacios en blanco son “políticamente” y “nación”. El sentido llano del capítulo indica que los espacios en blanco son “constantemente” y “persona”. Lea los siguientes comentarios y vea si está de acuerdo.
Ez 18:2-3 es semejante a Jer 31:29-30; cada uno morirá por su propio pecado. Ez 18:2,25,29-31 se refiere a la casa de Israel. Las personas pueden agrupar a toda la casa en un solo bloque, pero Dios le habla a “cada uno” (v. 30) dentro de la casa de Israel acerca de su justicia.
Ez 18:4 “el alma que pecare, esa morirá”. ¿Acaso una nación tiene alma?
Ez 18:5-9 y 14-17 hablan de hombres justos que no mueren. Aquí la justicia no significa perfección sin pecado, pues nadie es perfecto. La muerte aquí no es la muerte física, ‘porque todos los hombres mueren’; se refiere a la muerte espiritual.
Ez 18:20 dice que el hijo no carga con la culpa del padre, así como el padre tampoco carga con la culpa del hijo.
Ez 18:23 “¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?”. Muchos calvinistas estrictos jamás dirán que esto se refiere a individuos pecadores que se vuelven a Dios. La postura de Pink y Toplady es que este pasaje se refiere a naciones. Otros calvinistas dicen que se refiere únicamente a los elegidos, porque Dios fuerza la voluntad de los elegidos y decide no conceder a los réprobos oportunidad alguna.
Ez 18:32 dice: “porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor”. Algunos calvinistas interpretan que “el que muere” significa los elegidos. Algunos incluso creen que Dios sí se complace en la muerte de los réprobos.
Hay una sola razón por la que el argumento anterior insiste en que Ez 18 no puede referirse también a individuos: toda su postura se derrumbaría. Aunque se menciona a Israel, y aunque usted quiera una muerte política, veamos qué clase de muerte tiene Dios en mente en Ezequiel 18: Ez 18:4 “He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía”. Esto suena a que se trata de toda alma.
Ezequiel 18 se equilibra con Éxodo 20:5, que dice: “...soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”. No todo hijo es castigado, ni todo cananeo, pues Rahab era cananea y Rut era moabita. Sin embargo, Éxodo 20:5 es verdadero al menos de dos maneras distintas: 1. Los hijos, incluso los infantes, con frecuencia sufren en la tierra por los pecados de sus padres. 2. Peor aún, aprenden el odio, la maldad y los pecados de sus padres y de su cultura.
Una postura intermedia sobre Ezequiel 18
Hay una manera en que alguien podría sostener la doctrina de la cabeza federal y aun así tomar Ezequiel 18 en su sentido verdadero. Consiste en afirmar que “no se inculpa de pecado donde no hay ley”. Los pecados cometidos en ignorancia siguen siendo pecados, pero no se nos hace responsables de ellos. Así, se podría decir: aun si fuéramos culpables por los actos de Adán, Dios no hace responsable a nadie de una culpa involuntaria.
Curt Daniel sobre Ezequiel 18
En su tesis doctoral, el calvinista Curt Daniel presenta una extensa discusión de Ezequiel 18 que es en parte razonable y en parte encubre la verdadera intención del texto.
En la página 243, Curt Daniel escribe: “Los calvinistas interpretan este pasaje de diversas maneras, pero yo sigo la siguiente línea de interpretación. Los arminianos están haciendo exactamente lo que hacían los judíos. Los judíos reinterpretaron erróneamente tanto a sus antepasados como a sí mismos en un intento por exonerarse. En los días de Ezequiel estaban siendo castigados con el cautiverio. Así que argumentaban: ‘No somos nosotros los culpables. Lo fueron nuestros padres. Este cautiverio no es justo para nosotros’. Pero la verdad es que los judíos en el cautiverio no habían aprendido la lección más que sus padres. Heredaron la culpa, el pecado y la misma tendencia de sus padres. No eran diferentes y estaban siendo castigados con justicia conforme a ello. Estaban siendo castigados tanto por los pecados de sus padres como por los suyos propios. Dios no castiga a los inocentes”.
Las personas sí heredan algunas maldiciones y tendencias pecaminosas, pero el punto de Ezequiel 18:4,17,30 es que el hijo no hereda el pecado del padre. Curt hace una afirmación traducianista al decir que el hijo sí hereda la culpa, lo cual contradice Ezequiel 18:4,17,30.
Es una exageración enorme decir que los arminianos interpretan Ezequiel 18 en su sentido llano para exonerar a las personas y exonerarse a sí mismos alegando que fueron castigados por los pecados de sus padres. No olvidemos que son los calvinistas y los traducianistas quienes dicen que se nos declara culpables por los pecados de nuestros padres, no los arminianos.
Curt Daniel dice en la p. 244: “Además, los calvinistas no creen en el pecado original para desviar la culpa. De hecho, quienes sostienen el pecado original tienen un concepto más bajo de sí mismos que quienes no lo sostienen. ... A la inversa, quienes debilitan o niegan el pecado original invariablemente lo hacen para aminorar su propia culpa personal y para embellecer su propia naturaleza pecaminosa”.
Es un estereotipo poco caritativo decir de quienes afirman que nuestra culpa se debe a nuestros propios pecados y no a los ajenos que “invariablemente lo hacen para aminorar su propia culpa personal y para embellecer su propia naturaleza pecaminosa”. Curt está siendo injusto en este punto.
Curt Daniel continúa en la p. 244 diciendo: “Por último, la Escritura enseña en Ez 18 y en otros lugares que Dios no castiga a los inocentes. Pero la misma Biblia enseña también que Dios visita la iniquidad de los padres sobre sus hijos, y una de las maneras en que esto se realiza es mediante la transmisión del pecado original. Véase Éx 20:5. Si Dios en efecto hace esto, entonces no puede ser injusto. Y así la objeción se desvanece”.
En esta vida las personas sí sufren por los pecados de sus padres, e incluso por los de su rey. Establecer que la naturaleza pecaminosa y las consecuencias del mal se transmiten no prueba que Dios tenga por culpables a las personas por los pecados de sus padres, como dicen los traducianistas.
La postura de la cabeza federal sobre Romanos 5:15-21
Ro 5:15 dice que muchos murieron por la transgresión de un solo hombre.
Ro 5:16 dice que el juicio vino a raíz del pecado de un solo hombre y trajo condenación
Ro 5:17 dice que por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte
Ro 5:18 dice que, como resultado de una sola transgresión, vino la condenación para todos los hombres. También compara el alcance del acto de Adán sobre el género humano con el alcance del acto de Cristo. Quienes aceptan que Cristo trajo justificación a todos los hombres tienen que aceptar que Adán trajo [directamente] condenación a todos los hombres.
La postura no federal sobre Ro 5:15-21
Romanos 5:18-21 dice que “morimos”, que “vino el juicio”, que “se trajo condenación”, que “reinó la muerte”, que “el resultado fue la condenación para todos”. Nunca dice que seamos culpables por el pecado de Adán, ni que seamos castigados por los pecados de otros, ni que Ezequiel 18 esté equivocado. Más bien, sufrimos las consecuencias de los pecados de Adán. Una de las consecuencias más graves es nuestra naturaleza pecaminosa y nuestra condenación segura. Nunca dice que podamos atribuir siquiera una parte de nuestra condenación a lo que Adán hizo. Al contrario, Ezequiel 18 y Jer 31:29-30 dicen que solo podemos atribuirnos a nosotros mismos nuestra condenación.
Ro 5:19 un “pecador” es sencillamente alguien que peca. Así pues, la desobediencia de Adán nos hizo “pecadores”, no “víctimas de Dios por los pecados ajenos”.
La postura traducianista sobre He 7:9-10
Puesto que podría decirse que Leví pagó el diezmo por medio de Abraham, entonces cargamos con las consecuencias (en este ejemplo, buenas) de los actos de nuestros antepasados. Y si cargamos con lo bueno, también cargamos con lo malo, como indican Sal 51:5, Jer 15:4 y Éx 20:5.
La postura no traducianista sobre He 7:9-10
Por medio de Abraham podría decirse (es decir, figuradamente) que Leví, en esta tierra, mostró en su función sacerdotal sumisión a Melquisedec por medio de lo que Abraham hizo. Extrapolar consecuencias terrenales hasta convertirlas en culpa eterna es improcedente, como lo es extrapolar una función sacerdotal explícitamente heredada para justificar el tormento eterno por los actos de otros. Los traducianistas tienen que explicar por qué el traducianismo en el plano personal no es válido en el plano político de Ezequiel 18. Los traducianistas no tienen simplemente una interpretación de He 7:9-10, sino una extrapolación de He 7:9-10. Cuando su extrapolación contradice la Escritura en Ezequiel 18, hay que escoger entre la propia extrapolación y la palabra de Dios.
Puntos de acuerdo
Todos sufrimos la maldición del pecado de Adán. O bien todos somos culpables de los pecados de Adán, o bien no lo somos. Si lo somos, es porque Dios es justo. Si no lo somos, es porque Dios es justo. Independientemente de lo que los cristianos piensen acerca de la culpa imputada, todos coincidimos en que las personas serán juzgadas por aquello de lo que ellas mismas son responsables.
No solo necesitamos que Dios nos salvara del pecado, sino que seguimos necesitando que Dios nos proteja y nos preserve del pecado y de su corrupción. Demos gracias a Dios no solo por salvarnos, sino por seguir perdonándonos y por sostener nuestro destino en su mano.
¿Se culpa a los seres humanos por la culpa de Adán?
Parte 4 de 5
Un malentendido fundamental de los calvinistas
Cuando los calvinistas enseñan que se nos declara culpables por los actos pecaminosos de Adán, niegan que Ezequiel 18 sea un principio general de la justicia de Dios. Se niegan a admitir una interpretación de Ro 5:15-21 según la cual la maldición que recibimos de Adán no nos hace culpables directamente, sino que más bien trae como resultado que seamos culpables.
1 Co 15:20-21 dice claramente que a causa de Adán “todos mueren”, pero los calvinistas suelen pasar por alto que el pasaje guarda silencio en cuanto a que Dios declare a las personas culpables (es decir, eternamente culpables) por los pecados de Adán.
Sobre Romanos 5:12, Douglas Moo (pp. 334-355) escribe: “En cierto sentido, es verdad que el interés de Pablo en este versículo, y a lo largo de todo el pasaje, no está en el pecado original, sino en la ‘muerte original’ (p. ej., Dunn). Pablo no dice nada explícito acerca de cómo el pecado de un hombre, Adán, ha resultado en muerte para todos; tampoco ha aclarado la conexión, si la hay, entre el pecado de Adán (v. 12a) y el pecado de todas las personas (v. 12d). Lo que sí ha dejado claro es que el nexo causal entre el pecado y la muerte, manifestado en el caso de Adán, se ha repetido en el caso de cada ser humano”.
¿Qué hay de los bebés que mueren?
Si quienes sostienen la culpa imputada están equivocados, y los bebés no merecen ser atormentados por los siglos de los siglos en el lago de fuego a causa del pecado de Adán, ¿entonces todos ellos son salvos? He aquí diversas especulaciones y, después, lo que dice la Escritura.
Los calvinistas han llamado al calvinismo “agustinianismo refinado”. Agustín de Hipona enseñó que los bebés bautizados que mueren van al cielo, y que los bebés no bautizados van al infierno. En el infierno reciben solo los “castigos más leves”. Con todo, un lugar más fresco en el lago de fuego para siempre no parece gran consuelo.
Un calvinista puede afirmar de manera coherente que Dios puede decidir enviar al lago de fuego a todos los bebés que mueren. Los bebés son culpables del pecado de Adán. Todo lo que Dios hace es justo, y si Dios lo hiciera, sería justo. Caso cerrado.
Sin embargo, el predicador calvinista C. H. Spurgeon estaría en enérgico desacuerdo. Él enseñó con firmeza que es un error decir que Dios hace tal cosa, y que la Biblia enseña que todos los bebés que mueren van al cielo. El único problema es que ni Spurgeon ni nadie más, en realidad, ha mostrado un pasaje de la Escritura que efectivamente diga eso.
El calvinista Loraine Boettner, aunque también cree lo mismo, reconoce con mayor facilidad que se trata de una opinión compatible con la Escritura y no de algo que la Escritura afirme explícitamente.
La respuesta de la Biblia es sencilla: Dios es justo. La Escritura no lo detalla, salvo quizá en un versículo, en Samuel, donde, después de que muere el primer hijo de David y Betsabé, se dice: “yo voy a él, mas él no volverá a mí”. Esto puede significar que David se reunirá con él en el cielo, o simplemente que David se reunirá con el niño en el “Seol”, la tumba.
¿Y qué hay de las personas con discapacidad intelectual profunda? La respuesta parece obvia: Dios es justo. Lo que Él puede hacer con los bebés, lo puede hacer con ellas.
Así pues, Dios es justo. Todos los que son salvos lo son por medio de Cristo. Si los bebés que mueren son salvos, entonces algunos bebés pueden ir al cielo sin haber nacido de nuevo. ¿Puede Dios hacer eso? Las personas del Antiguo Testamento fueron salvas por medio de Jesús, su Mesías esperado, sin haber nacido de nuevo. ¡Dios puede hacer lo que quiera!
¿Y los que nunca oyeron?
Todos los que son salvos lo son por medio de Jesús: Jn 14:6
Todos los que rechazan a Jesús morirán en sus pecados: Jn 8:24
Dios hace lo que le place: Mt 20:15; Sal 115:3; 135:6; Ro 9:20; Dn 4:35
Dios es justo y no es injusto: 2 Ts 1:6; 2 P 1:4,17; He 7:18; Sal 145:13; Ro 3:3; Stg 3:17; He 6:10; 12:23; Ro 2:11; 3:5-6;
Algunos fueron salvos por medio de Jesús habiendo puesto toda su esperanza en el Dios verdadero, sin haber tenido oportunidad de conocer el nombre de “Jesús”: He 9:9-10:8; Jn 8:56; Lc 2:29-31; 1 Ti 4:10; 1 P 1:10-12.
Cargamos con la maldición y las consecuencias de Adán
Dos definiciones del pecado original: 1) naturaleza y maldiciones heredadas, y 2) culpa imputada. Todos creen la 1, salvo algunos herejes, como Pelagio, Celestio y Julián de Eclana. Las siguientes secciones enumeran a quienes sostuvieron cada postura respecto de la 2.
No cargamos con la culpa del pecado de Adán
Ninguno de los padres de la iglesia anteriores a Nicea habló jamás de que nosotros carguemos con la culpa del pecado de Adán, aun cuando citaron Ro 5.
Justino Mártir (135-165 d.C.) Atenágoras (~177 d.C.)
Clemente de Alejandría (153-~220) Atanasio (líder en Nicea)
Gregorio de Nisa (335-394, p. 349) Gregorio Nacianceno (p. 349)
Juan Crisóstomo (Matt Hom.28:3) ¿Arnobio? (ca. 300 d.C.)
Conf. de la Sociedad de los Amigos, 1675 Basilio (329-379 d.C.)
Andreas Karlstadt (reformador) Thomas Helwy (bautista general)
John Smyth (bautista general) Dan Taylor (bautista general)
Menno Simons Dirk Philips
Ulrico Zuinglio y los zuinglianos (Menschreck, p. 198)
John Wesley (colaboró con Whitfield) Metodistas conservadores
Thomas Coke (1747-1814, metod.) Francis Asbury (1745-1816)
Charles W. Carter Wolfgang Pannenberg
Johannes Wollebius, Stuart Denney, Gore
Sanday-Headlam, Cranfield 2 Baruc 23:4; 48:42; 54:19
Iglesia del Nazareno Asambleas de Dios
La gran mayoría de los carismáticos ¿D.L. Moody?
Walter Connor (influyente profesor del Sem. Teol. Bautista del Suroeste)
¿Alianza Cristiana y Misionera? Lyman Beecher (1775-1863)
Charles Ryrie (Basic Theology, 1980, pp. 227-228)
R.V. Forster y V. Paul Marston (error de la teología abierta)
“El veredicto acostumbrado, sin embargo, parece injusto con los padres griegos, quizá porque depende de la suposición de que ninguna teoría del pecado original se sostiene salvo la latina plenamente desarrollada. Es imperativo deshacerse de este prejuicio. Ciertamente, apenas hay un indicio en los padres griegos de que la humanidad en su conjunto participe de la culpa de Adán, es decir, de su culpabilidad. ...De nuevo, su tendencia es ver el pecado original como una herida infligida a nuestra naturaleza”. (J.N.D. Kelly, Early Christian Doctrines, p. 350)
Atanasio creía que heredamos una naturaleza pecaminosa: “Pero Atanasio nunca insinúa que participemos de la culpa efectiva de Adán, es decir, de su culpabilidad moral...”. (Kelly, Early Christian Doctrines, pp. 346-347)
“La comprensión que Helwys tenía de la predestinación, salvo quizá en cuanto a la doctrina de la caída de la humanidad en Adán, es anticalvinista; de hecho, típicamente bautista holandesa. Toda imputación del pecado de Adán, o del efecto natural de la caída de Adán, queda anulada en lo que respecta a la salvación, puesto que la gracia se concede a todos, para escoger a favor o en contra de Dios”. (Calvin Augustine Pater, Karlstadt as the Father of Baptist Movements, the Resurgence of Lay Protestantism, pp. 267-268)
Estos también creyeron esto, pero ello no constituye una recomendación
Taciano ~Addr. 11, pp. 69-70 Cirilo de Alejandría (p. 372)
Casiano (fundador semipelagiano) Erasmo y los humanistas del norte
Reinhold Niebuhr (neoortodoxo) La mayoría de los protestantes liberales
Todos cargarían con la culpa del pecado de Adán, pero la gracia preveniente de Cristo la canceló para todos
H. Orton Wiley
Norm Geisler y Thomas Howe (When Critics Ask, p. 441)
El pecado de Adán se imputa después de que escogemos pecar
Millard Erickson (Christian Theology, p. 639), Dr. Honer, Dave Geisler, James P. Boyce (1827-1888) (teólogo bautista)
Todos cargan con la culpa del pecado de Adán
Agustín de Hipona (creía que los infantes no bautizados van al infierno)
Próspero de Aquitania (390-463) Tomás de Aquino (1224-1274)
Juan Calvino, Guillaume Farel ¿John Wycliffe?
Martín Bucero, John Knox, J. Vernon McGee
Murray
John Bunyan (1628-1688) B.B. Warfield (1851-1921)
John Owen (1616-1683) Loraine Boettner
A.A. Hodge (1823-1886) Charles Hodge (1797-1878)
C.H. Spurgeon (1834-1892) R.C. Sproul
Bautistas (los originales y algunos de hoy) Confesión de Westminster
George Whitfield (colaboró con Wesley) Cocceius
Douglas Moo (de manera tentativa, tras una discusión de 42 páginas)
Believers Bible Commentary
Bible Knowledge Commentary (cabeza federal o traducianismo)
Estos también creyeron esto, pero ello no constituye una recomendación
Ambrosio de Milán (340-397 d.C.) On the Mysteries 6 (p. 321)
muestra que la culpa de Adán se quita después del bautismo, mediante el lavamiento de los pies.
Catecismo de la Iglesia Católica Hipercalvinistas, John Gill
Vicente de Lerins (~434 d.C., semipelagiano) A.W. Pink
Teodoro de Beza (1519-1605) Heinrich Bullinger (1504-1575)
Augustus Toplady (crítico de Wesley) Concilio de Trento (1546 d.C.)
Todos cargan con la culpa del pecado de los antepasados
Iglesia Ortodoxa Oriental A.H. Strong, Anselmo
William G.T. Shedd (1820-1894) Jonathan Edwards (1703-1758)
Felipe Melanchthon (habría que matar a quienes disienten) Martín Lutero
La importancia de la traducción
“Agustín entendió eph ‘w (“porque”) como si significara “en quien”, ya que el latín tradujo mal el griego en este punto. En consecuencia, su comprensión de la última cláusula del versículo 12 fue que nosotros estábamos realmente “en Adán”, y que por lo tanto el pecado de Adán era también nuestro. Pero puesto que su interpretación dependía de una traducción inexacta, debemos examinar la cláusula más de cerca. En particular, debemos preguntar qué se quiere decir con “todos los hombres pecaron”. (Millard Erickson, Christian Theology, p. 636)
La expresión “resultando en” en el A Greek English Lexicon of the New Testament de Thayer, 20.ª reimpresión de 1979 (Zondervan), se analiza a lo largo de casi seis páginas dedicadas a la palabra griega (ei s). En la p. 183 escribe: “[Preposición] que rige el acusativo y denota entrada en, o dirección y límite: hacia dentro de, a, hacia, para, entre”. Tiene diversos usos, pero Thayer clasifica Ro 5:12 como propiamente de lugar. Dice: “4. del límite hasta el cual; con acusativo de lugar, hasta, incluso hasta: ... Lc 14:23; con [acusativo plural] o de persona, a, hasta; Hch 23:15 ... Ro. v.12; xvi.10; 2 Co ix. 5 ... x.14”. Justo antes de esto escribe: “3. de movimiento (no hacia dentro de un lugar mismo, sino) en la vecindad de un lugar; donde puede traducirse a, cerca de, hacia...”. Los ejemplos incluyen Mr 3:7, Jn 4:5; 11:31,38; 20:1,3. En Ro 5:8 (ei s) significa hasta, hacia o uno [Thayer, p. 184]. En Ro 5:12 y 15 (ei s) equivale al latín in y ad [Thayer, p. 186].
En conclusión, en cuanto a los versículos 16 y 18, se comprende por qué la mayoría de las principales traducciones inglesas (NKJV, NASB, NIV y Wuest) lo vierten como “resultando en” o “trayendo”. Esto transmite el sentido con mayor precisión que traducir simplemente “a”, como hace la KJV.
“En el griego, el texto de san Pablo dice: ‘...así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto (epi) todos pecaron’; pero la versión latina antigua que utilizaba Ambrosiáster tenía la traducción defectuosa ‘...en quien (in quo) todos pecaron’”. (J.N.D. Kelly, Early Christian Doctrines, p. 354)
La tesis doctoral de Curt Daniel (p. 242, 5D) también menciona este error de traducción. Para mí es sumamente significativo que no tengamos ningún cristiano de habla griega del N.T., ni nadie más durante 300 años, que enseñara que Dios decidió imputarnos la culpa del delito de Adán.
Puntos en los que todos los creyentes deberían coincidir
1. Dios es justo. Las personas pueden tener opiniones diversas sobre la justicia, pero la justicia de Dios es congruente con lo que Él reveló en las Escrituras.
2. Todos hemos heredado de Adán una naturaleza corrupta que garantiza que pecaremos y que seremos dignos de condenación.
3. Una interpretación correcta de Romanos 5 armoniza con Ezequiel 18, así como con el resto de la Biblia.
4. El 100% de todo pecado queda perdonado para quienes creen.
5. Si los réprobos pudieran decir que Adán, y no ellos, es responsable siquiera de una parte de su sufrimiento eterno, entonces la justicia de Dios sería verdaderamente incomprensible.
¿Se culpa a los seres humanos por la culpa de Adán?
Parte 5 de 5
En cierta ocasión, después de que se entregaron los exámenes en un curso de Operaciones Unitarias de ingeniería química, los estudiantes se quejaron de una pregunta que casi todos fallaron, porque ese tema nunca se había visto en clase. El profesor nunca calificó nuestras respuestas como “correctas”, pero tampoco nos culpó. Decidió no restar puntos por haber fallado esa pregunta que él nunca nos había enseñado. ¿Fue eso justo?
¿Es Dios justo en ese sentido? ¿O está Dios lleno de odio por la falta de verdad y de justicia que las personas no solo nunca aprendieron, sino que nunca tuvieron oportunidad de aprender ni de poseer? Si Dios no es injusto de esa manera, ¿cómo se concilia esto con Ro 5:12-13?
Romanos 5:12-14
Romanos 5:12-14 dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. 13Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. 14No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir”. (RVR1960)
Una manera ampliada de traducir Ro 5:12 es esta:
(Por esto/Por tanto/Por lo cual) (como/así como/tal como), (por medio de/por la agencia intermedia de) un (hombre/ser humano) (el pecado/la transgresión) hacia dentro de/en/hasta/a/resultando en) el (mundo/cosmos) entró, y por medio del (pecado/la transgresión) la muerte, (y/también) (así/de este modo/de esta manera/asimismo) (hacia dentro de/en/a/resultando en) todos (los hombres/los seres humanos/la humanidad) la muerte (pasó/se extendió/vino), (por cuanto/en la medida en que/¿en el cual?) (todos/cada uno) (pecaron/erraron el blanco).
Muerte para todos, porque todos pecaron (5:12). O bien: la naturaleza pecaminosa, pecamos en Adán, o los pecados de los adultos responsables (Moo, p. 339)
Puesto que todos pecamos, ese resultado demuestra que la muerte vino a todos los hombres por medio de Adán. -inferencia retrospectiva. (Véase Moo, p. 339)
Por causa de la causa (Adán), el resultado es que todos nosotros (la humanidad) pecamos por participación con Adán. -razonamiento retrospectivo.
Igual que , salvo que Ro 5:13 dice que no tenemos transgresión, ni culpa por ella. Aun así tenemos la maldición de la muerte. Ro 5:14.
Por causa de la causa (Adán), el resultado es que todos nosotros (la humanidad) pecamos continuamente por una naturaleza heredada. -razonamiento retrospectivo.
Si bien la causa del pecado de Adán NO fue una naturaleza pecaminosa, la causa de nuestro pecado sí es nuestra naturaleza pecaminosa. (en realidad, lo mismo que )
Porque el pecado vino por medio de un hombre y la muerte por medio del pecado, así la muerte vino a todos los hombres...
Como lo demuestra el hecho de que todos los adultos responsables pecan. (Moo, p. 339)
Porque todos cometieron personalmente actos pecaminosos.
Porque todos erraron el blanco y nacieron con una naturaleza corrupta y pecaminosa.
porque todos pecaron. No se especifica de qué manera, porque Pablo no consideró necesario explicarlo aquí a los lectores cristianos.
Porque heredamos directamente el pecado de Adán mediante la transmisión de nuestros padres
Porque Dios puede decidir imputar los pecados de cualquiera a cualquier otro, y Dios quiso imputarnos los actos de Adán.
Es más, Dios tenía que inculparnos por los actos de Adán, pues de lo contrario no podría haber inculpado a Cristo por los nuestros.
Romanos 5:12 no dice de qué manera pecaron todos, sino que da por sentado que los lectores cristianos ya saben que todos han pecado y que todos tienen pecado, con la misma certeza con que saben que todos murieron.
“Por esto, así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron; porque hasta la ley había pecado en el mundo, pero no se inculpa de pecado donde no hay ley; sin embargo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no pecaron a semejanza de la transgresión de Adán, el cual es figura del que ha de venir”.
La comprensión de Romanos 5:12-13 en la iglesia primitiva
Juan Crisóstomo (392-407 d.C.): El gran maestro cristiano y predicador contra el mal enseñó así en su exposición del libro de Romanos, sobre Ro 5:12: “Como los mejores médicos siempre se esfuerzan mucho por descubrir el origen de las enfermedades y van hasta la fuente misma del mal, así hace también el bienaventurado Pablo. ... ¿Cómo y de qué manera?, pregunta él. Indaga de dónde entró la muerte y cómo prevaleció. ¿Cómo, pues, entró y prevaleció la muerte? ‘Por el pecado de uno’. Pero ¿qué significa ‘por cuanto todos pecaron’? Esto: habiendo caído él una vez, aun quienes no comieron del árbol se volvieron, todos ellos, mortales a causa de él”. (Juan Crisóstomo (392-407 d.C.), vol. 11, p. 401)
“Porque si es en el pecado donde la muerte tiene su origen, pero cuando no hay ley no se inculpa de pecado, ¿cómo llegó la muerte a prevalecer? De donde queda claro que no fue este pecado, es decir, la transgresión de la Ley, sino el de la desobediencia de Adán, lo que arruinó todas las cosas. Ahora bien, ¿cuál es la prueba de esto? El hecho de que aun antes de la Ley todos morían: pues ‘reinó la muerte’, dice, ‘desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron’”. (Crisóstomo, p. 402, sobre Ro 5:12)
Atanasio (~330 d.C.): “no obstante, ‘reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán’; y así el hombre permaneció mortal y corruptible como antes, sujeto a las afecciones propias de su naturaleza”. (p. 411)
Gregorio Taumaturgo (240-265 d.C.): “Por lo cual Él dice: ‘confiad, yo he vencido al mundo’. Y esto lo dijo no como quien nos presenta un combate propio únicamente de un Dios, sino mostrando la capacidad de nuestra propia carne para vencer el sufrimiento, la muerte y la corrupción, a fin de que, así como el pecado entró en el mundo por la carne, y la muerte llegó a reinar por el pecado sobre todos los hombres, así también el pecado en la carne fuera condenado por medio de esa misma carne en semejanza de ella”. Twelve Topics on the Faith (vol. 6, p. 52)
“Pues bien, digo que, puesto que, como hemos explicado arriba, la ley escrita naturalmente en los corazones de los hombres no guardaba cuidadosamente la memoria de las cosas malas, y puesto que no había una tradición suficientemente establecida entre los ancianos, ya que el olvido hostil siempre se adhería a la memoria, y ... fácilmente ocurrió que se dieran transgresiones de la ley grabada por la naturaleza, y que, por la violación de los mandamientos, la muerte obtuviera su reinado entre los hombres. Porque el género humano es de tal naturaleza que necesita ser gobernado por Dios con vara de hierro. Y así la muerte triunfó y reinó con todo su poder hasta Moisés, aun sobre quienes no habían pecado, del modo que hemos explicado; sobre los pecadores, ciertamente, pues estos eran sus objetos propios y estaban sujetos a ella....
Pero después de que Moisés hizo su aparición, y hubo dado la ley a los hijos de Israel, y hubo traído a su memoria todos los requisitos de la ley y todo lo que convenía a los hombres observar y hacer bajo ella, y cuando entregó a la muerte solamente a quienes transgredieran la ley, entonces la muerte fue cortada de reinar sobre todos los hombres; porque reinó entonces únicamente sobre los pecadores, pues la ley le dijo: ‘No toques a los que guardan mis preceptos’”. [En otras palabras, la muerte era la ejecución judicial de los pecadores, no la muerte natural.] Arquelao (277 d.C.), The Disputation with Manes, vol. 6, p. 203)
Basilio (329/330-379 d.C.), Prolegomena (hablando en general y no necesariamente sobre Ro 5:12): “Por otra parte, de los males del infierno la causa no es Dios, sino nosotros mismos. El origen y la raíz del pecado están en lo que se halla bajo nuestro propio control y en nuestro libre albedrío”. (Nicene & Post- Nicene Church Fathers Second Series vol. 8, p. lviii)
Si Atanasio (298-373 d.C.) y Crisóstomo (392-407 d.C.) enseñan que Ro 5:12 se refiere a la muerte, a la naturaleza y a la corrupción, pero no a la culpa ni a la inculpación, y si Gregorio Taumaturgo y Arquelao subrayan que un pecado no se imputa cuando no tenemos una ley que lo prohíba, nadie puede encontrar un solo cristiano primitivo de habla griega que enseñara lo contrario. El padre de la iglesia más antiguo que escribió de otro modo fue Tertuliano (200-220/240 d.C.), y él creía en el traducianismo. Ambrosio (340-397), Agustín (400-430 d.C.) y Próspero de Aquitania (390-463) creían que la culpa se heredaba “traducianalmente” de nuestros padres por el pecado de la concupiscencia.
¿Hablar en lenguas al revés?
Una pregunta clave es la siguiente: si bien Romanos 5:12 permite una interpretación según la cual el pecado de Adán se nos imputa, ¿acaso exige creer que el pecado de Adán se nos imputa? Si usted dice que sí lo exige, entonces o realmente lo exige, o usted está leyendo en el texto algo que no está allí.
Si los primeros cristianos de habla griega, como Atanasio, Crisóstomo, Basilio, Gregorio Taumaturgo y Arquelao, dicen que el griego significa ciertas cosas, y 1,700 años después usted dice que el griego forzosamente exige un significado distinto, ¿conoce usted a un solo cristiano primitivo de habla griega que en verdad haya entendido este versículo en su lengua materna del modo en que usted afirma que el griego obliga a entenderlo? Si no es así, entonces no intente decir qué “exige” el griego, ¡a menos que usted conozca el griego del Nuevo Testamento mejor que los primeros cristianos!
(Nota: Agustín conocía bien el latín, no el griego. En Confesiones, Agustín escribió sobre su temprana aversión al griego, la cual le impidió avanzar mucho en él.)
Si no es así, entonces parecería que usted afirma que Dios comunicó en griego una doctrina que ningún cristiano de habla griega entendió, pero en una especie de griego cifrado que solo quienes no hablaban griego podían comprender. ¡Eso sería extraño!
Si el verdadero don de lenguas consiste en comunicar a un oyente, en una lengua extranjera, un mensaje que ni el hablante ni los oyentes nativos entienden, ¿qué es entonces esto de comunicar, en una lengua conocida, un mensaje que los hablantes de esa lengua no entienden, pero que quienes no la hablan afirman que la lengua obliga a entender así?
La analogía del profesor
Supongamos que una estudiante está a punto de reprobar un curso en la universidad. Va después con el profesor y le dice que no es justo que la repruebe, ya que ella no nació con ese conocimiento ni lo recibió tampoco de sus padres. “Usted me está culpando por algo que ignoro”, dice ella.
El profesor reflexiona un momento y dice: “Su mala calificación muestra que usted es culpable de dos cosas. Es culpable de los efectos de su ignorancia, es decir, de sus respuestas equivocadas, y es culpable de la ignorancia misma”. La joven protesta: “Usted me está culpando por haber nacido en un estado de ignorancia”. El profesor responde: “No la culpo por haber nacido en un estado inicial de ignorancia, sino por no haber aprovechado nunca las oportunidades que tuvo para salir de ese estado. Aun a pesar de las tareas que no hizo, de las clases a las que faltó y de las clases a las que asistió pero durmió, si hubiera venido a verme en mis horas de asesoría y me hubiera pedido ayuda, yo habría dedicado el tiempo adicional para ayudarla y enseñarle el conocimiento que tan desesperadamente le falta. No la culpo por haber nacido ignorante, sino por haber escogido permanecer en la ignorancia”.
¿Es así Dios con el pecado? Tenemos muchos pecados (tachas rojas en nuestro trabajo) en el examen de la vida. Nacimos pecadores; Dios lo entiende. Sin embargo, eso no es excusa, porque las personas han escogido permanecer en el pecado y nunca han acudido al profesor a suplicarle ayuda.
Dios no solo nos ayuda, sino que, al ver nuestra profunda torpeza, misericordiosamente nos permite omitir el examen final, descartar todas nuestras calificaciones y, en su lugar, realizar un proyecto especial. El proyecto se calificará con todo el rigor con que se calificaron los exámenes, pero es un proyecto en equipo, y Jesús es nuestro compañero. Si aceptamos como compañero a Jesús, en quien está toda la sabiduría y el conocimiento, y Jesús hace todo el trabajo, no podemos fallar.
¿Ha oído usted alguna vez que los cristianos anteriores a Nicea, o los anabautistas moderados, o los carismáticos, o los metodistas, o los bautistas, o los cristianos de iglesias bíblicas hayan torturado a otras personas por su fe? Yo tampoco lo he oído nunca. Los sistemas que sostienen la culpa original, incluidos el calvinismo, el catolicismo y la ortodoxia oriental, hacen que a los seres humanos les resulte demasiado “fácil” torturar a otros. Una crítica sumamente severa, pero correcta, a la teología de muchos (aunque no de todos) los luteranos alemanes es que esa teología podía dar cabida con facilidad a la tortura y al asesinato de los judíos por ser judíos. Igualmente severa respecto de la mayoría de las teologías que atribuyen a una persona la culpa de otra es la facilidad con que dan cabida a la tortura y a la muerte de otros creyentes.
La iglesia anterior a Nicea y Ezequiel 18
Deuteronomio 27:24:16
¿Calvino acertó en esto?
Quizá esto suene extraño para algunos, viniendo de un no calvinista, pero esto es lo que dijo Juan Calvino.
8. Pero para que aquello mismo de lo que hablamos no quede desconocido ni dudoso, convendrá definir el pecado original. (Calvino, en Conc. Trident. 1, Dec. Sess. 5.) No es mi intención, sin embargo, discutir todas las definiciones que distintos autores han adoptado, sino únicamente aducir la que me parece más conforme con la verdad. El pecado original, pues, puede definirse como una corrupción y depravación hereditaria de nuestra naturaleza, que se extiende a todas las partes del alma, la cual primeramente nos hace odiosos a la ira de Dios y luego produce en nosotros aquellas obras que en la Escritura se llaman obras de la carne. Esta corrupción es designada repetidas veces por Pablo con el término pecado (Gá. 5:19), mientras que a las obras que proceden de ella, tales como el adulterio, la fornicación, el robo, el odio, el homicidio y las orgías, las llama del mismo modo frutos del pecado, aunque en diversos pasajes de la Escritura, e incluso por el propio Pablo, también se les llame pecados. Por lo tanto, deben observarse con claridad dos cosas: que, estando así pervertidos y corrompidos en todas las partes de nuestra naturaleza, somos, meramente a causa de tal corrupción, justamente condenados por Dios, para quien nada es aceptable sino la justicia, la inocencia y la pureza. Esto no es responsabilidad por la falta de otro. Porque cuando se dice que el pecado de Adán nos hizo odiosos a la justicia de Dios, no se quiere decir que nosotros, siendo en nosotros mismos inocentes e irreprensibles, carguemos con su culpa, sino que, puesto que por su transgresión todos quedamos bajo la maldición, se dice que él nos puso bajo obligación. Por medio de él, sin embargo, no solo se derivó el castigo, sino que se infundió la contaminación, por la cual el castigo es justamente debido. De ahí que Agustín, aunque a menudo lo llama pecado ajeno (para mostrar con mayor claridad cómo llega a nosotros por descendencia), al mismo tiempo afirme que es el pecado propio de cada individuo. Y el Apóstol atestigua con toda claridad que “la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Ro. 5:12); es decir, que están implicados en el pecado original y contaminados por su mancha. De ahí que incluso los infantes, trayendo consigo su condenación desde el vientre de su madre, no sufran por el defecto de otro, sino por el propio. Pues aunque todavía no han producido los frutos de su propia injusticia, tienen la semilla implantada en ellos. Más aún, toda su naturaleza es, por así decirlo, un semillero de pecado, y por lo tanto no puede sino ser odiosa y abominable a Dios. De donde se sigue que con razón se le considera pecaminosa a los ojos de Dios, porque no podría haber condenación sin culpa. Viene después el otro punto, a saber, que esta perversidad nuestra jamás cesa, sino que produce constantemente nuevos frutos, es decir, aquellas obras de la carne que antes describimos, tal como un horno encendido lanza chispas y llamas, o una fuente derrama agua sin cesar. De ahí que quienes han definido el pecado original como la carencia de la justicia original que deberíamos haber tenido, aunque comprenden en sustancia todo el asunto, no expresan con suficiente fuerza su poder y su energía. Porque nuestra naturaleza no solo está enteramente desprovista de bondad, sino que es tan fecunda en toda clase de males que jamás puede estar ociosa. Quienes la llaman concupiscencia usan una palabra no del todo inapropiada, siempre que se añadiera (cosa que, sin embargo, muchos de ninguna manera conceden) que todo lo que hay en el hombre, desde el intelecto hasta la voluntad, desde el alma hasta la carne misma, está manchado y penetrado por esta concupiscencia; o, para decirlo más brevemente, que el hombre entero no es en sí mismo otra cosa que concupiscencia.
Ezequiel 18 referido a un individuo
Clemente de Roma (97/98 d.C.) cita Ezequiel 18:11,30 refiriéndolo a un pecador. También menciona la casa de Israel. 1 Clement, cap. 8, p. 7
Justino Mártir (135-165 d.C.) cita Ezequiel 14:18,20 como de Ezequiel, e inmediatamente después cita Ezequiel 18:20. Dialogue with Trypho the Jew, cap. 40, p. 269 (parcial, no especifica al individuo)
Clemente de Alejandría (193-217/220 d.C.) enseña sobre Ezequiel 18 refiriéndolo al pecador en The Instructor, libro 1, cap. 7, p. 224. También se refiere a Ezequiel 18 en The Instructor, libro 3, cap. 12, p. 292, en Stromata, cap. 27, p. 355, y en Who is the Rich Man Who Shall be Saved, cap. 39, p. 602.
Tertuliano (200-240 d.C.) se refiere a Ezequiel 18 y al “pecador” individual en On the Resurrection of the Flesh, cap. 9, p. 532. También se refiere a Ezequiel 18:23 en Tertullian Against Marcion, libro 2, cap. 8, p. 303.
Orígenes (224-254 d.C.) se refiere a Ezequiel 18:20 en Origen Against Celsus, libro 8, cap. 40, p. 654.
Cipriano de Cartago se refiere al individuo en Ezequiel 18 en Letters of Cyprian, carta 51, cap. 27, pp. 335-336.
Anonymous Treatise Against Novatian (250/4-256/7 d.C.) se refiere a Ezequiel 18 en los caps. 14 y 14, pp. 660 y 661, así como en el cap. 16, p. 662. Menciona la “casa de Israel” y también al “pecador” en el cap. 18, p. 663.
Libros espurios
En el Treatise on Repentance Attributed to Cyprian, pp. 593-594, se refiere a Ezequiel 18 en el contexto tanto del individuo como de la nación.
Después de Nicea
Apostolic Constitutions (siglos III-V), caps. 12 y 14, p. 400, se refiere a Ezequiel 18 en el contexto tanto del individuo como de la sociedad.
por Steven M. Morrison, Ph.D.